viernes, 10 de abril de 2009

Humilde homenaje a una persona importante


Desde los 14 años que salgo y voy lejos. En general porque soy un ñoño, y los ñoños somos una especie que no se da de forma muy común. Si buscamos gente a quienes guste el fútbol (Me gusta decirle soccer XD), probablemente encontraremos mucha. Lo mismo pasa con la música. Aunque claro, hay tipos de música menos populares. La mayoría de la gente que lee los blogs es ñoña, un poco ñoña, o tiene hábitos ñoños y gracias a Internet, podemos ejercitar el cerebro visitando con apenas unos clicks los talentos abstractos convertidos en textos o imágenes. Pero para ver ñoños en persona, lo usual es moverse de la casa. Los ñoños estamos en casi todas partes, pero somos pocos. Además, los ñoños no amamos necesariamente las mismas ñoñeces. Por lo que se hace más complicado ñoñear con otros ñoños. Como cuando quise ir al cine a ver DIE HARD 4.0 con mi héroe el gran Bruce, me di cuenta que a mis amigos ñoños gays les cargaba el cine de acción con autos explotando y violencia gratuíta. Yo no soy "otaku", que al parecer es moda, lo que hace menoss fácil tener amigos ñoños afines. La vida nocturna es entretenida. Y las mujeres que han sido mis parejas, han sido todas de barrios lejanos. Por lo que toda la vida he tenido que volver de lejos en la noche. Los taxis son caros. Pero por fortuna Dios en su infinita sabiduría inventó el colectivo. Un híbrido mitad taxi, mitad autobus. Algo así como un centauro (Hay una marca de piñas -ananá, pinneapple- en conservas que se llaman "Centauro", una vez en un supermercado les pregunté en voz alta a mis amigas si habían comido centauro en tarro. Lo mejor fue que un señor me explicó que no eran centauros en lata, sino que eran piñas) pero en vez de ser mitad caballo y mitad humano, bueno se entendió la idea. La vida de cada uno está llena de gente que hace su pequeño o gran aporte. Y como los grandes aportes son vistosos, se olvidan los pequeños o cotidianos aportes.

Todos nos acordamos del inventor de la ampolleta. Nadie se acuerda del inventor del excusado.

De entre todos los choferes de los colectivos, hay varios que con los años, se van convirtiendo en rostros conocidos. Uno de ellos, era un señor de unos 60 años, que tenía la gracia de manejar usando una sola mano. La otra no la usaba porque tenía un problema en ella. Al lado derecho del volante tenía instalada una especie de palanca, similar a la que se usa en los cambios. Yo me di cuenta de que no usaba la izquierda cuando en una ocasión un pasajero le trató de pagar el pasaje en plena carrera. El chofer le dijo, en el semáforo me paga que solo tengo buena esta mano. Por muchos años me tocó viajar con él. Siempre amable, de excelente conversación. Todo un caballero. Siempre esperó que los pasajeros entraran seguros a sus hogares. Muy veloz además. Con él, se llegaba volando a la casa. Tengo en mi mente su imagen, rostro y sonrisa. Muchas veces conversamos de todo un poco. Que la vida, que las mujeres, que la vejez, que la enfermedad, que la tecnología, que el tiempo, que se yo. Y siempre un agrado. Muchas veces al llegar no me bajé de inmediato, ya que ambos disfrutábamos la conversación.

Hoy al llegar a mi casa con otro de los choferes, también nos quedamos conversando, esta vez acerca de los pasajeros groseros. El chofer me decía que yo era de los buenos, ya que nunca he sido atrevido ni me he subido borracho, ni he desagradado con mi vocabulario soez, ni nada malo. A lo cual le di las gracias por este viaje y por todos, ya que -independiente del dinero- hay un respeto, agradecimiento y cariño por todos los años en que el servicio me ha permitido volver a mi casa sano y salvo. Entonces le aproveché de preguntar por un par de colegas que hacía tiempo no veía. Y me contó que mi amigo, el de la mano izquierda mala, había fallecido. Leucemia. Y pensé en llegar a escribir mi entrada de hoy para él.

Muchas gracias, caballero por los viajes, por cuidarme, por las conversaciones. El dinero nunca pagó por todo lo que usted me brindó a mi y a tanta gente en todos estos años. Sepa usted que le estoy inmensamente agradecido y que le extrañaré. Neil Gaiman escribió que siempre era bueno despedirse cuando se podía. Y probablemente la última vez que me trajo, yo no sabía que iba a ser la última. Pero le di las gracias de corazón y le deseé que le fuera muy bien. Los consejos quedarán atesorados.

A él le gustaba mucho su trabajo. Y por lo que supe, lo realizó hasta el final, hasta que sus reflejos empezaron a fallar. Ojalá donde esté pueda seguir haciendo lo que disfrutaba tanto acá. Y de nuevo:

Gracias y que le vaya muy bien. De todo corazón.

1 comentario:

  1. Pues aquí estoy, en uno de mis días ñoños, viendo una película completamente ñoña, con la que terminaré soltando una lagrimita y riéndome después por ser consciente de lo ñoño que puedo llegar a ser. Antes tanta ñoñez, abro el blog de mi echado de menos Kobal y se me pone ñoño. Definitivamente, hoy es uno de mis días ñoños.
    Me ha parecido precioso el homenaje. Cuantas personas hay a nuestro alrededor que nos hacen más felices en la vida su¡in saberlo. La historia me parece más enrañable porque, aquí en España, lo único que puedes conseguir si intentas entablar conversación con un conductor es una seca y áspera contestación a la vez que señala el cartelito de "No hablar con el conductor". Ellos no son conscientes del gran favor que nos están haciendo a los que vamos dentro. Seguro que sólo piensan en lo explotados que están, en la mierda de sueldo que reciben... Que diferentes son las cosas...En fin, tendríamos que parar el mundo para reflexionar un poco... De momento, seguiré con mi día ñoño. Precioso homenaje. Ánimo con la boda!!! No te eches atrás, eh!!!! jajajajajaja. Saludos y un abrazote.

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Toonlet xD