viernes, 17 de diciembre de 2010

Sin segundas intenciones

Una de las razones más fuertes para ser vegetariano, es comprender que los animales viven por sus propias razones. Ellos no razonan en profundidad, se guían por instintos básicos. Por lo que cuando sienten amor, es amor puro, libre de segundas intenciones. Lo mismo ocurre con cada una de sus emociones. Todos quienes hemos tenido mascotas de cualquier tipo sabemos eso. El cariño que siente por tí tu perro, el amor que siente una gata por sus crías, se diferencia del amor entre humanos porque las personas somos más complejas. Somos complicados. Queremos cosas por egoísmo, por ignorancia, o por muchos otros motivos. Nuestros hermanos los animales en cambio, son leales a toda prueba. Algunos pueden decir que esto se debe al interés de comida y protección, o a los instintos territoriales, o lo que sea. Si es así o no, es absolutamente irrelevante. Los animales sienten al igual que nosotros. Entran en celo, juegan, cuidan a sus crías, pelean, viven. No están para ser nuestra fuente de diversión ni nuestro alimento. No existe eso de "ese animal está hecho para ser comido". Ningún ser vivo está creado para ser parte de la cadena alimenticia. Si bien la cadena alimenticia existe, quienes la componen no pueden escoger. En cambio nosotros si.

Estoy seguro que en el futuro, cuando la humanidad evolucione, aparte de lamentar la extinción de muchos de nuestros hermanos animales, se lamentará por todos los crímenes y abusos cometidos contra los seres más puros e inocentes que han existido jamás.

Puedes vivir muy bien sin alimentarte de animales. En la medida que la gente deje de comer animales, la demanda bajará y por lo tanto la oferta también.

Saludos.

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